sábado, 31 de marzo de 2012

La utopía

Ella está en el horizonte
Me acerco dos pasos y ella se aleja dos pasos.
Camino diez pasos, y el horizonte se desplaza diez pasos más allá.
A pesar de que camine, no la alcanzaré nunca.
¿Para qué sirve la utopía, entonces?
Para esto, sirve: para caminar.

(Eduardo Galeano)

domingo, 25 de marzo de 2012

Pantera Rosa: devenir imperceptible...

Dice el filósofo Gilles Deleuze: "Yo lo que quiero es hacer mi trabajo, que no me molesten, que no me hagan perder el tiempo, sí... Y al mismo tiempo, ver gente, porque lo necesito, soy como todo el mundo, me gusta la gente... en fin, me gusta un pequeño número de gente, me gusta verles... pero, cuando les veo, no me gustaría... que ello provocara el más mínimo problema. Lo más hermoso del mundo es tener relaciones imperceptibles con gente imperceptible. Quiero decir que todos somos moléculas –es una molécula de red, una red molecular, sí."

Este es un fragmento del libro "El deseo según Deleuze":

Borrarse –nos dice Deleuze- es hacer como la Pantera Rosa (el dibujo animado de las películas de Blake Edwards). ¿Qué hacía la Pantera Rosa? Pues pintaba la pared que había detrás de ella de color rosa y, de esta manera, pasaba inadvertida. Hacer que el mundo devenga rosa para devenir imperceptible, indiscernible, impersonal, devenir mundo.
Es de nuevo otra imagen de cómo emprender líneas de fuga. No se trata de huir del mundo sino de hacer que el mundo huya. El mundo huye (el mundo de la clasificación de la lógica binaria, el mundo en el que nuestra identidad se recorta, negro sobre blanco) cuando dejamos de hacernos notar, porque somos mundo, porque somos como todo el mundo. Pero ser como todo el mundo es difícil, es un asunto de devenir, es hacer del mundo un devenir: no todo el mundo, ni mucho menos, hace de todo el mundo un devenir.
No es un juego de palabras. Hacer como la Pantera Rosa es hacer como la hierba: hacer del mundo un mundo comunicante, eliminando lo que nos impide estar entre las cosas y crecer en medio de las cosas. Se consigue a fuerza de eliminar, es cuestión de ascesis y de sobriedad. Mi territorio queda así fuera del alcance del lenguaje del ser, no porque sea imaginario, sino porque estoy continuamente trazándolo, como el nómada.
El resultado, cuando el mundo deviene rosa, cuando hemos devenido mundo, es que ya no tenemos nada que esconder (lo que se esconde es siempre lo mismo, cuestiones de amor y de sexualidad). Y no teniendo ya nada que ocultar, no podemos ser atrapados, el mundo huye, somos imperceptibles (deshacemos la lógica del amor, que es una lógica narcisista, porque habla fundamentalmente del yo, para devenir capaces de amar).

miércoles, 14 de marzo de 2012

Cielo


Veo el cielo. Es muy celeste. Es hermoso, ¡como nunca antes! Las nubes tan blancas, incandescentes, son maravillosas… ¡Qué delicia para los ojos! Y el viento que me sostiene, mientras caigo… ¡Qué fuerte y qué gentil, al mismo tiempo! Él mismo me cubre y descubre la vista con la túnica. Yo no puedo quitármela, con las manos atadas.
Ya a aquél aparato del que comencé a caer no lo veo más.
¡Jamás estuve más cerca del Señor! Sólo esto no entiendo: ¿no reside Él en lo alto? Y es que yo voy a las profundidades del río. Acaso Él quiera, antes de verlo, lavarme las heridas.
De pronto me di vuelta: ahora sólo veo el río. ¿Y ese pájaro, más abajo? Ya se hundió. ¿Léonie? Bendita seas.




                               (¡Con un click la imagen se agranda!)

domingo, 11 de marzo de 2012