miércoles, 14 de marzo de 2012

Cielo


Veo el cielo. Es muy celeste. Es hermoso, ¡como nunca antes! Las nubes tan blancas, incandescentes, son maravillosas… ¡Qué delicia para los ojos! Y el viento que me sostiene, mientras caigo… ¡Qué fuerte y qué gentil, al mismo tiempo! Él mismo me cubre y descubre la vista con la túnica. Yo no puedo quitármela, con las manos atadas.
Ya a aquél aparato del que comencé a caer no lo veo más.
¡Jamás estuve más cerca del Señor! Sólo esto no entiendo: ¿no reside Él en lo alto? Y es que yo voy a las profundidades del río. Acaso Él quiera, antes de verlo, lavarme las heridas.
De pronto me di vuelta: ahora sólo veo el río. ¿Y ese pájaro, más abajo? Ya se hundió. ¿Léonie? Bendita seas.

2 comentarios:

  1. Me gusta su estilo de escritura, en parte me hace acordar un poco a C.S Lewis...

    ResponderEliminar
  2. ¡Gracias! Lewis era muy amigo de Tolkien, a quien leía cuando escribí el cuento...

    ResponderEliminar