Veo
el cielo. Es muy celeste. Es hermoso, ¡como nunca antes! Las nubes tan blancas,
incandescentes, son maravillosas… ¡Qué delicia para los ojos! Y el viento que me
sostiene, mientras caigo… ¡Qué fuerte y qué gentil, al mismo tiempo! Él mismo
me cubre y descubre la vista con la túnica. Yo no puedo quitármela, con las
manos atadas.
Ya a
aquél aparato del que comencé a caer no lo veo más.
¡Jamás
estuve más cerca del Señor! Sólo esto no entiendo: ¿no reside Él en lo alto? Y es
que yo voy a las profundidades del río. Acaso Él quiera, antes de verlo,
lavarme las heridas.
De
pronto me di vuelta: ahora sólo veo el río. ¿Y ese pájaro, más abajo? Ya se
hundió. ¿Léonie? Bendita seas.
Me gusta su estilo de escritura, en parte me hace acordar un poco a C.S Lewis...
ResponderEliminar¡Gracias! Lewis era muy amigo de Tolkien, a quien leía cuando escribí el cuento...
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